viernes, 31 de mayo de 2013

QUERETARO GRAFFITI

define como «grafito» una pintada particular, y su plural correspondiente es "grafitos", aunque esta palabra es específica de las inscripciones arqueológicas.3
Su origen son las inscripciones que han quedado en paredes desde los tiempos del Imperio romano, especialmente las que son de carácter satírico o crítico.
Yo quiero comentarles acerca de mi experiencia personal, de lo que quiero transmitir, no solo quiero transmitir un conocimiento allegado con lo que siento, quiero transmitirles mi sentimiento personal, que mejor que contándoles mi experiencia.
Empezaremos desde un principio, desde que a mi se me ocurre la gran idea de sentir que sienten aquellas personas anónimas que van en contra de una sociedad desconocidas que se ocultan del mundo no dan la cara por su arte que quieren ser escuchadas sin decir ninguna palabra alguna por saber que están en todo el mundo y que lo que les mueve y los une es la calle lugar donde ellos se pueden comunicar donde se vive de un mundo realista nada subreal todo es directo y en contra de quien se interponga lo haces por un sentimiento parecerá un poema pero es una vida que al ritmo de una canción podría tener sentido y corazón las personas que no están muy enteradas acerca de este movimiento no lo podrán entender tan fácil mas sin en cambio les podre brindar algún tipo de vista que podría ser un poco mas exacto al que a nosotros se nos hace mas fácil de entender.

el graffiti en nuestro QUERÉTARO.

La historia del graffiti se remonta a los años 60 en Nueva York, influidos por el hip-hop, los primeros artistas se dedicaban a firmar en las calles de esta ciudad.
El graffiti es una manifestación gráfica en la que sus autores su firma en una barda o pared para identificarse entre si.
En el caso de México, las ciudades fronterizas fueron las primeras que comenzaron a tener este tipo de manifestación, le siguieron cuidades como Guadalajara y la capital, esto lo sostiene Ricardo Anaya en su libro el graffiti en México ¿Arte o desastre?.
En Querétaro, uno de los más grandes canales de la llegada de éste fenómeno, se da en el año de 1993 cuando “El Viper”, un grafittero ya experimentado, se reúne con jóvenes entre los que se encontraba “El Terko” en la cuidad, juntos forman SPA (Skate Por Amor o Skate Pintando Arte), este grupo es el primero en comenzar a pintar en la cuidad, sostiene el autor.

Graffiti en México:arte marginal y trasgresor

El graffiti y sus orígenes
Plural de la palabra graffito, significa “inscripción” o “garabato” en el idioma italiano, de donde proviene. En el diccionario de la Real Academia Española se acepta sólo la palabra grafito, que en algunas de sus acepciones la define como “escrito o dibujo hecho a mano por los antiguos en los monumentos”, o como “letrero o dibujo grabado o escrito en las paredes u otras superficies resistentes, de carácter popular y ocasional, sin trascendencia”.(1) Originariamente, el término graffiti fue utilizado para designar a las inscripciones y dibujos encontrados en la antigua arquitectura romana, especialmente las localizadas en la ciudad de Pompeya, que suman miles y datan de la época en que la ciudad era morada de descanso y esparcimiento de las clases privilegiadas del imperio.
Pero el graffiti evoca además una actividad muy primitiva, que se remonta a los primeros trazos del homo sapiens en las paredes de las cavernas que le servían como morada y refugio. Desde entonces la humanidad no ha cesado de imprimir su huella y rastro en las paredes, lo que representa un encuentro de lo perenne y lo efímero, en el que el cuerpo marca su huella en un material o soporte destinado a perpetuarla. Como forma expresiva, el graffiti conserva la huella de ese gesto primitivo, anticipador de dos actividades emparentadas y a la vez distintas: la escritura y la pintura.
La epigrafía se ha encargado de estudiar las inscripciones provenientes de las culturas antiguas y abarca diversidad de datos, desde los contenidos en monumentos públicos, murales, estelas, lápidas, objetos ornamentales y rituales o cotidianos como vasijas y sellos, hasta el graffiti propiamente dicho, que sin embargo ha sido considerado como una forma de expresión popular e intrascendente, por su carácter casual y espontáneo, que generalmente refiere información de tipo contestatario, anónima, sicalíptica y que, por lo mismo, apenas atrae el interés de los historiadores.
Los antiguos romanos han sido calificados por algunos estudiosos como “graffiteros” incurables, dado que se han conservado infinidad de sus testimonios gráficos no sólo en Pompeya, sino también en el Domus Aurea del emperador Nerón en Roma, en la mansión de Adriano en el Tívoli, e inclusive en las pirámides de Egipto, en donde los soldados imperiales no resistieron la tentación de imprimir la huella de su paso. El valor testimonial de los graffiti pompeyanos en cuanto a la cultura, la lengua y la vida cotidiana de la época es incalculable, al estar compuestos lo mismo por mensajes verbales que icónicos, en frases sueltas, versos, dibujos y en combinación de imagen y escritura. Por su contenido, incluyen los más diversos tópicos: las cualidades eróticas de soldados y gladiadores, críticas a los candidatos a las elecciones, ofrendas y súplicas a Venus, propaganda de los juegos, declaraciones de amor, anécdotas varias, injurias e insultos, comentarios ingeniosos u obscenos, propaganda y tarifa de prostitutas, versos, representaciones fálicas, etcétera. Un ejemplo de esos graffiti es rescatado y traducido por Pedro Pablo Funari, en el que se lee: “Floronio, semental y soldado de la séptima legión, estuvo aquí, en este bar, y las mujeres no lo percibieron… pero ellas eran sólo seis, por lo cual, pocas para este macho”.(2)
En otras latitudes y contextos, ya no tan lejanos pero ilustrativos para el propósito de este estudio, Bernal Díaz del Castillo ejemplifica también la acción graffitera de los militares subalternos de Hernán Cortés, después de haber conquistado y sometido a la ciudad de Tenochtitlan en 1521. Descontentos por la paga recibida con motivo de esa acción, los soldados arremetieron de manera anónima sobre las paredes de la morada de su general. Nos relata el cronista Díaz del Castillo:
Como Cortés vivía en Coyoacán en un palacio que tenía paredes blancas, donde buenamente se podía escribir con carbones y otras tintas, cada mañana aparecían escritos muchos motes maliciosos, algunos en prosa, otros en verso. Algunos decían que no nos nombráramos conquistadores de la Nueva España sino conquistados por Hernán Cortés; otros decían que no le bastaba tomar buena parte de oro como general sino que lo tomaba como rey; otros escribían: ¡Oh, qué triste está el ánima mea, hasta que el oro no vea! y aun decían palabras que no son para poner en esta relación.